Tengo miedo, lo acepto.
Llegue al punto de sentir que pedaleo una bici a la que se le corto la cadena en plena subida, y por más de que pedalee y pedalee con todas mis fuerzas, no voy a avanzar, se que la cadena no va a volver a su lugar a cumplir su función mágicamente, obviamente no, no creo en los milagros en casos como este, puede quedar ordinario el ejemplo de la bici, pero es exactamente como se siente.
Hay dos formas de arreglar lo que pasa:
1- Me bajo, arreglo la cadena y arranco de nuevo.
2- Giro y bajo sin necesidad de arreglar nada, y a toda velocidad.
Corro el riesgo de que la cadena se vuelva a salir, o directamente, se corte, pero si bajo, cuando este abajo, me voy a sentir vacía, por que mi objetivo era llegar a la cima, y obviamente, no es nada agradable la sensación que causa fallar, no llegar hacía donde queríamos.
No sé, no sé, no sé, no sé que carajo hacer, y estoy a punto de caer, de girar la bicicleta y volver a donde no hay metas ni objetivos.
No quiero, no quiero fallar, quiero lograr lo que quiero, pero no quiero sufrir más, y todo esta tan gris, cuando ayer era todo tan colorido, y todo se da vuelta, y oh dios, que bronca que tengo, me da tanta impotencia no saber que hacer, "esto me va a hacer crecer" (por dentro, obvio, por que por fuera ni esperanzas me quedan), trato de auto convencerme, y cuando parece que lo logro me sale del corazón decir "no puedo, no puedo, no puedo".
Que adolescencia tan garca, pero "esto me va a hacer crecer", sisi, oh ya fue.
Ni ganas de ponerle color, ni de nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario